Auto-traicionándome

Tú estabas allí, despampanante como siempre. Yo también estaba, aunque, muy a mi pesar, ajeno a tu mundo.

Soy un ser observador, y quizás ese sea mi problema. Solo te observo, te (ad)miro. Si abro la boca, tal vez sea solo para soltar una burda crítica en lugar de para decir todo lo bello que en realidad circula por el cerrado circuito que es mi mente. Y lo peor no es eso, sino que además me empeñaré en llevar la razón y conseguiré ganarme tu odio.

Si tanto te deseo, ¿por qué no lo demuestro? ¿Por qué no hago nada? ¿Por qué me auto-traiciono? Nací gilipollas.

Soy incapaz de estar a tu lado sin imaginar miles de situaciones diferentes a la que vivimos. Situaciones en las que soy realmente feliz por estar contigo, situaciones en las que no es necesario aparentar normalidad. Allí puedo mirarte sin temor y sin límite, puedo tocarte y llegar al último rincón, puedo sentirte, puedo hablarte sin disgustarte, puedo quererte. Allí no solo soy yo, somos los dos. Yo, y enfrente mia (sí, quiero que me corrijas), tú.

¿Me has visto? Vago como alma en pena. Soy un ser horrible y despreciable. Nadie merece estar con un castigo como yo. Tú eres todo lo que yo no soy y quisiera ser, es más, lo eres todo. Eres el intento frustrado de mi persona. Tonto de mí al apuntar tan alto, pero es inevitable intentar engañar a los sentimientos que te nublan el sentido.

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